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viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Conciliación famiqué? O el no-derecho de los niños.

Me siento triste y preocupada, por nuestro futuro y por el de nuestros hijos. Creo que nunca en la historia de la humanidad los bebés han sido tan poco cuidados como en la actualidad. Sí, nuestros antepasados humanos eran más brutos, dirán algunos, sí, pero las madres conservaban su instinto maternal y protegían a sus crías. Ahora los bebés tienen de todo, dirán otros, sí, de todo menos lo que necesitan, el calor, el abrazo y la mirada de su propia madre, la única persona en la que confía plenamente el bebé al nacer.

Hay comentarios de todos los colores con la renuncia de Sáenz de Santamaría a su baja maternal, que ha aceptado gestionar el traspaso de poderes a 11 días de haber dado a luz. Parece que está dando de mamar a su bebé, pero ¿por cuánto tiempo puede mantener una mamá una lactancia en condiciones y ese cargo tan estresante? Y ¿de qué tipo de hormonas estará repleta la lactancia de ese bebé?, ¿de las que produce el cuerpo cuando la madre siente tranquilidad, reposo y la felicidad al ver que otros cubren sus espaldas y le ayudan?, ¿o todo lo contrario?

Que está muy bien que la mujer elija en lo que sólo le competa a ella, pero parece que la elección es sólo entre los únicos factores que parecen interesar cuando de conciliación laboral y familiar se trata: “entre los derechos de la mujer y los del representante público”, afirma la portavoz del PSOE Carmen Montón (http://www.elpais.com/articulo/sociedad/derecho/libertad/ejercerlo/elpepisoc/20111125elpepisoc_2/Tes ). ¿Y los derechos de los niños, de su hijo, de su bebé con tan sólo 11 días de vida? ¿Una salus es lo que necesita un niño al nacer, a su padre por muy buena voluntad y cariño que ponga? ¿Va a velar Mariano Rajoy por los derechos de nuestras familias y nuestros hijos, de las familias que sí quieren recibir a sus bebés a la vida como merecen todas las horas que les permita la ley, por los derechos de los niños que sí necesitan a su mamá 24 horas durante muchos más días que once? ¿Cómo va a respetar esos derechos un presidente que le pide a una mujer recién parida que acepte el estresante cargo de dirigir el traspaso de poderes? La respuesta es que no le importan lo más mínimo.
Así, las ambiciones personales son las que tienen prioridad, las de Mariano Rajoy porque confíe en Santamaría para esta labor y las de Santamaría porque le suponga un billete para la vicepresidencia, vaya usted a saber, pero en cualquier caso nadie habla del derecho de ese bebé: a oler a su mamá y sentirse seguro con ese olor, a tocar esa piel tan suave y cuyo tacto le procura tantas endorfinas, a tomar tetita a demanda que es como la naturaleza lo tiene previsto para que el bebé esté nutrido a nivel físico, mental y emocional, al calor de su mamá que no es el mismo que el calor de nadie más en el mundo porque sólo su mamá tiene las hormonas precisas que la naturaleza da en el puerperio para que las hembras mamíferas den a sus hijos todo lo que necesitan y en la forma en que lo necesitan.
El anterior artículo de El País dice también: "La casualidad,... ha hecho que Sáenz de Santamaría sea madre justo en un momento irrepetible en su vida profesional...", como si su hijo pudiera ser recién nacido cada fin de semana… Pues no, la condición de bebé es también algo irrepetible, tanto para él como para su madre. La sociedad debería proteger eso con uñas y dientes, toda la sociedad, de forma que un político aislado no se atreviese nunca a hacer lo que ha hecho Mariano Rajoy. Lo debería proteger por su propio bien, por el futuro equilibro emocional y mental de los niños, que serán los políticos, médicos y vicepresidentas del futuro...
Cuando la catedrática Chinchilla dice en el artículo que “el de la número dos del PP es un trabajo intelectual para el que no es imprescindible estar presente, se puede trabajar desde casa por teléfono.”, ¡me parece que no comprende lo que supone ser madre y dar lactancia a demanda, pese a que tenga una hija, o no comprende lo que es ser la número dos de un partido político recién elegido para gobernar en un país al borde del rescate económico!!
Si se eligiese ir a trabajar con el bebé a cuestas, el bebé  tendría satisfechas sus necesidades, pero no, el bebé se queda en casa con una mujer desconocida y una voz semi conocida que es el padre. Esta madre ni tiene necesidad económica imperiosa de ir a trabajar ni puede llevarse a su bebé, aunque ¿cómo podría llevárselo a un trabajo que implica el estrés tan brutal que va a tener esta señora durante una buena temporada? No le deseo ese puerperio a nadie, ni por ella ni por su hijo, que va a sentirse inevitablemente igual.

Me parece una tremenda hipocresía política que el mismo partido que defiende el derecho a la vida de los niños y que quiere cambiar la ley del aborto, no defienda el derecho de los niños a una vida digna nada más nacer, con los cuidados que merece cualquier mamífero, una vida que empiece equilibrada y sana para que pueda formar parte de una futura sociedad menos desquiciada y más acorde con lo que de verdad importa en la vida.

sábado, 22 de octubre de 2011

MUJER-MADRE, en mayúsculas.

Podría parecer a primera vista que esos padres celosos del tiempo y del futuro de sus hijas, con “a”, tenían razón al ver con mala cara como éstas invertían su juventud estudiando durante años carreras y obteniendo títulos universitarios. Que al final no ibas a ejercer, o que cuando te casases dejarías de trabajar, o a lo sumo cuando fueses madre, eran los argumentos disuasorios más comunes.

Pese a ello muchas chicas lucharon, además de por aprender y titularse, por vencer la resistencia familiar, por demostrarles que no tenían razón y que sí llegarían a ser profesionales de aquello que estudiaban. Laura Gutman seguro que coincidiría en pensar que estas mujeres en el puerperio serían de las más vulnerables al encontrarse con su propia sombra.

Y sí, tal vez el puerperio en ellas sea más cuesta arriba, requiera de una mayor reflexión, sobre todo si esas madres se han planteado una lactancia a demanda y aparcar durante un tiempo la vida profesional para centrarse en la vida familiar y, más concretamente, en la maternidad. Pero tal vez si lograron llegar hasta él sin perder el instinto del todo, sepan tirar del hilo de la madeja adecuado para ir desenredando la maraña de sentimientos encontrados que produce sentir de pronto que, tanto que hubo que luchar para salir de la casilla de “sus labores”, en el instituto, en casa, en la universidad, con la oposición y falta de apoyo familiar, y ahora hay que luchar para entender por qué, con un tierno ser que suspira mientras se nutre de nuestro abrazo y se alimenta de nuestro pecho, todo lo demás sobra.

¿Qué está ocurriendo? ¿Es que tanto cambia la maternidad a una mujer? Sí, la cambia, o la puede cambiar, poner cabeza abajo, panza arriba o por fin de pie, con los pies en la tierra más asentados que nunca, con la cabeza más borracha que nunca de amor tal vez pero al mismo tiempo más conectada en sus intrincados laberintos neuronales con los instintos primarios y básicos del ser humano.

Y cuando pasa un tiempo y llega la reflexión madura de todo lo anterior, cuando se profundiza en las consecuencias de la crianza, en lo que los seres humanos necesitan a todos los niveles mientras crecen, estas mujeres pueden darse cuenta de que son unas madres especialmente cualificadas, precisamente también por lo que estudiaron, también por lo que tuvieron que luchar, por lo que obtuvieron al no claudicar ante las presiones familiares, la certeza de que luchando algunas veces se consiguen nuestros sueños. Y aunque parezca bastante improbable que una madre pueda aplicar conocimientos de derecho laboral o de biología molecular de los que adquirió en su carrera universitaria o de los que practicó en su profesión, todo eso en realidad dota a las madres de un bagaje personal enriquecido, si se sabe mirar, que nutre en muchos sentidos a los hijos que está criando.

Una madre que en su mirar al hijo, en su sonreír, en su mimarle y en su cambiarle pañales, en su alimentarle de comida, y en su pensar en él, contiene todo lo que aprendió, toda la perspectiva social que eso le aportó, toda la perspectiva humana que adquirió en sus años de estudio y profesión, todas las películas que vio, todos los libros que leyó, todo lo que escribió, todo lo que vivió experimentando más amplia y profundamente la vida que si se hubiese plegado a la limitación familiar o social de “sus labores”, todo eso, en fin, revierte en una MADRE, en su sentido extenso de la palabra, mucho más cualificada y enriquecida para dar mucho más a sus hijos.




Pero si ahí acabase el rizo, sería relativamente fácil. Aún hay que rizarlo más, porque en muy pocos años, nuestras sociedades han vivido unos procesos tan rápidamente cambiantes hacia el extremo contrario, operados incluso en las mismas personas que antes defendían la limitación femenina a “sus labores”, tan radicales en sus formas como faltos de solidez argumentativa. Y así, a una madre que decide dedicarse un tiempo en exclusiva o casi a la crianza de su hijo, se la mira con malos ojos, no se entiende que ponga en riesgo su trabajo, su carrera, su futuro profesional, que se conforme con un sueldo, que “se quede en casa”.

Parece que hoy exista prisa porque a los niños los cuiden lo antes posibles personas que no los conocen en absoluto para que las madres puedan irse corriendo a recuperar su vida laboral. Como si el puerperio no fuera lo que es: la mayor de las oportunidades que tiene una mujer para crecer, para comprender la vida de forma holística, para profundizar en el ser humano y para reflexionar desde una óptica privilegiada tanto su interior como todo lo que le rodea. Muchas madres se sienten inútiles, que están perdiendo el tiempo, que están tirando sus vidas en pos de la crianza de sus hijos cuando les dedican más que los cuatro miserables meses de baja por maternidad que nos “concede” la sociedad. Esos cuatro meses es un margen tan estrecho e insuficiente para crecer todo lo que tienen que crecer niño, madre, padre y hermanos, que queda patente el gran desconocimiento que existe sobre la verdadera dimensión del puerperio y la crianza de los bebés.

Si además la madre dedicó muchos años de esfuerzo académico y otros tantos de esfuerzo profesional en hacerse un hueco en el terreno laboral, resulta una heroicidad que crie a su hijo sin caer en una depresión de caballo, que no tire la toalla y le estallen los resortes de estabilidad emocional y que pueda poner un poco de orden y concierto a sus ideas y sentimientos entre tanto embrollo, habida cuenta del especialísimo estado subjetivo en el que nos sitúan las hormonas tras dar a luz.

Si al final la mujer-madre sale airosa de este doble looping, no puede existir en el mundo profesional más cualificado para la crianza que ella, no existirá profesional mejor remunerado a la larga que ella, aunque aquí el dinero no sea la moneda de cambio, no existirá hijo más suertudo que el suyo ni podrá escribirse con mayúsculas más grandes aquello en lo que se habrá convertido: una MUJER-MADRE.