A medida que pasan los meses mi hija me va demostrando que todo, absolutamente todo, tiene un impacto positivo o negativo en sus vidas, las vidas de esos seres pequeñitos que van creciendo a nuestra imagen y semejanza. En general siempre he sido bastante reflexiva, y ahora, con mi hija, tengo material de reflexión para cuatro vidas. Cada día aprendo algo, o varias cosas, y la vida adquiere cada día matices nuevos, se abren horizontes insospechados allí donde parecía acabarse el paisaje.
Llevo tiempo dándole vueltas a eso de las rutinas en los bebés y en los niños. A mí la palabra rutina nunca me gustó. Será por eso que cada vez que leía o escuchaba que es importantísimo que los bebés tengan sus rutinas desde el día siguiente de nacer, sentía como mínimo incredulidad. Supongo que habrá algunas personas, e incluso algunos bebés, a los que las rutinas les hagan bien. Tal vez necesiten alguna referencia, las rutinas, si la vida que les rodea en otros aspectos suele ser demasiado cambiante como para que se sientan cómodos.
¿Pero es saludable que los bebés y niños crezcan llenos de rutinas? La hora del baño, la de la comida, la de sentarse a hacer sus necesidades, la de la siesta, la de lavarse los dientes… Siempre de la misma forma, oyendo la misma canción para dormirse, tomando el mismo biberón de siempre y haciendo el mismo ritual inamovible de siempre para despedirse de sus padres e irse a dormir. Y mañana más. ¿Más? ¡¡Qué aburrimiento!!
He leído que es importante que los niños sepan a qué atenerse en cuanto a su agenda diaria, que eso les aporta seguridad. Y creo que tal vez sea porque tendrían que tenerla de antemano independientemente de su agenda. Si tienen una figura de apego y saben que la van a tener a mano ante cualquier momento en que necesiten protección o cuidados, ¿no sería más divertido y estimulante que el resto de cosas pudieran venir sin estar previstas y siendo cambiantes algunos días? ¿Dónde aprenden los niños a saborear el factor sorpresa de la vida, a lidiar con la incertidumbre y a vivir de forma creativa? Seguramente que en la niñez. Pero si su vida está llena de rutinas, seguramente su pensamiento crecerá rutinario. He oído hablar de personas que odian las sorpresas, incluso conozco bien a una. Personas que se angustian a veces de forma obsesiva con la imprevisibilidad de los acontecimientos, que necesitan tenerlo todo atado y bien atado, controlado, para descansar por las noches. ¿Estamos seguros de que esas personas nacieron así? O tal vez se fueron estrechando su capacidad de admitir las novedades, su dominio de los imprevistos y su espontaneidad ante lo inesperado a medida que fueron creciendo rodeadas de límites.
Es como el cinturón de seguridad. Nunca lo usé con buena cara antes de que naciese nuestra hija. Después me lo puse siempre para contribuir a que tenga una mamá durante muchos años. Nos da seguridad ante un accidente, pero nunca sentiremos que viajamos con tanto placer como cuando vamos en un barco, en bicicleta o en una moto. Es el placer de la libertad, del viento, del sol, de la noche si viajamos de noche y de sus estrellas, el sonido de las chicharras en verano…
La diferencia es que con el pensamiento no hay accidentes de tráfico y toda libertad se convierte en placer.
