miércoles, 21 de noviembre de 2012

“La magia de la Navidad”


Invariablemente, cuando se habla sobre si contar siempre la verdad o no a nuestros hijos, surge el tema de Papá Noel y los Reyes magos. Las familias que deciden mantener en secreto quién compra los regalos de Navidad, dicen hacerlo muchas veces por mantener la magia de la Navidad en el corazón de los niños. Yo misma fui mantenida durante unos años en ese engaño y me sentí muy decepcionada al descubrir que me habían mentido burdamente. Pese a eso, la Navidad me siguió fascinando y emocionado, así que siempre pensé que no merecía la pena vivir una ilusión bastante increíble e incoherente durante un periodo muy corto de tiempo a cambio de poner en entredicho la confianza en tus padres para siempre. En mi propia piel y en mi hija a medida que crece, he visto que no hace falta el engaño para creer en la magia de la Navidad. Pero es que si nos fijamos, El Corte Inglés y demás comercios y marcas grandes han creado la misma estrategia: inventan una frase irresistible... "la magia de la Navidad" y ahí ya se acaba toda discusión. Juntar "magia" y "Navidad" se convierte en un cóctel que parece que no admite controversia: si a un niño le dices la verdad, ya no hay magia. Para mantener la magia se cree necesario contarle una milonga bastante increíble, y parece que da igual si resulta un poco insultante para la inteligencia de los niños que les permitamos ver hasta cinco Papá Noel diferentes en el transcurso de pocos días, y que les hagamos hablar con ellos incluso, y que esperemos que se crean que son la misma persona. ¡Se dan cuenta perfectamente de que ahí no cuadran las cosas!

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Por un lado, la magia en realidad está en la propia vida, el hecho de vivir es el mayor acto de magia que existe. Pero si además le añadimos algunos elementos, como la leyenda, los abetos, las bolas del árbol, las guirnaldas, el acebo, los colores hermosos de Navidad, el humo de las chimeneas, la ilusión de decorar la casa juntos, de planificar platos ricos y especiales en esas fechas, los bombones y polvorones, la ilusión de que se acerca el día en que nos reuniremos con la familia, en que cantaremos villancicos (a mí sólo esto ya me puede emocionar hasta las lágrimillas), bailaremos juntos, veremos películas de gran ternura y contenido humano, viviremos un espíritu de hermanamiento con otras personas durante esa época..., todo eso ya es motivo para vivir la Navidad con toda la magia posible. 

Circunscribir la magia de la Navidad a saber o no quién paga realmente  los regalos que se reciben en Navidad, es un puro interés del consumismo mayoritario de nuestra sociedad y de los padres abocados a ese consumismo. Imaginemos que no existiese la figura de Papá Noel. Cuando los niños reciben algo que no esperan, es más fácil echarles la culpa a ellos que a nuestra situación financiera o a nuestras ganas de gastarnos dinero en sus juguetes, con una simple pregunta o comentario: "quizá es que no te has portado muy bien o no has obedecido siempre a los papás". Mi padre me dice que de niño nunca recibía juguetes en Navidad, sólo calcetines, guantes, etc., así que su frustración era más fácilmente controlable y consolable si el culpable del desaguisado y de su frustración era Papá Noel y no sus padres. Además, esa magia de la Navidad ofrece a los padres un mecanismo adicional de control sobre el comportamiento del niño: si Papá Noel te trae pocas cosas, es que tienes que obedecer más a tus padres y portarte mejor. Y eso es porque Papá Noel no pide más comida en la mesa ni los Reyes Magos que les dejemos unos zapatos más limpios en la ventana para que nos traigan más regalos. Según se le dice a los niños, tanto uno como otros traen más o menos regalos a los niños dependiendo de cómo los niños sean de obedientes y diligentes con sus propios padres.


Y más aún, el origen de todo esto, tristemente, está en el consumismo por el que en una época del año parece obligatorio hacer muchos regalos. Las familias hacen un gasto desorbitado en esos pocos días de Navidad. Ya se las ingenia toda la industria y el motor del consumismo para que con la creación de frases mágicas, películas ad hoc, anuncios y una campaña de marketing a nivel planetario, los padres se vean literalmente obligados a celebrar la Navidad necesariamente incluyendo un montón de regalos a sus hijos y familiares. Un día me encontré con esta respuesta en google a por qué se gastaba tanto dinero en Navidad. Me pareció tan acertada que la copio aquí:

Dos cosas que resultan una paradoja:
1-La navidad es una fecha que conmemora un acontecimiento histórico en el cual se realizaron regalos (los reyes magos). Por lo tanto, desde el origen, está asociada al gasto por entrega.
2-De esa religiosidad cristiana primitiva, hoy la navidad está integrada a "la religión del capitalismo" y también implica un gasto por entrega a los seres queridos.
Por lo tanto, religión y economía, en este acontecimiento van de la mano. Y son dos gastos innecesarios; pero instituidos como mito y lógica socio-cultural.”


Las peguntas de todo Rey Mago o Papá Noel que se precie cuando el niño se sienta en sus piernas siempre son: "¿qué le has pedido a los Reyes/Papá Noel? ¿Pero te has portado bien este año? Como si la Navidad fuese un examen de conciencia sobre su comportamiento durante el último año.

Creo que no nos paramos a pensar en realidad en todas las implicaciones que tiene someternos nosotros y nuestros hijos a cuantos hitos consumistas aparezcan a lo largo del año: Los Reyes Magos, San Valentín, La Pascua, San Patricio, El día de la madre, el día del padre, Halloween, Papá Noel y la magia de la Navidad... Si tres años atrás intuía que cualquier niño puede vivir la Navidad con una magia extraordinaria sin necesidad de contarle mentiras, como si mi propio ejemplo no sirviese, desde hace dos años constato sin lugar a dudas a través de mi hija que la magia de la Navidad existe dentro de la emotividad de cada niño, y no dentro de los envoltorios de los regalos.



Veo cómo con tan sólo un año y poco se quedaba embobada mirando los ositos y los juguetitos de madera con que decoramos el árbol de Navidad, veo cómo disfruta observando el movimiento de las luces del árbol y de las luces del pesebre, cómo sonríe cuando cantamos villancicos, cómo baila mientras los cantamos, cómo me pide dejar mucho tiempo los adornos de Navidad (¡la última vez los quitamos por fin en marzo!), cómo ya me ha pedido una especie de calendario de adviento pero para ir tachando los días que quedan para poder volver a casa de los abuelos y estar todos juntos en familia (un calendario muy particular porque además contiene dibujos de los trenes de ida y vuelta que utilizaremos para el viaje, y los días que incluyen el dibujo de nuestra propia casa y los días que incluyen el dibujo de la casa de los abuelos porque ya estaremos en ella), cómo le emociona hasta la risa nerviosa el que nos sentemos todos en la mesa grande a comer, cómo vuelve la cabeza emocionada hacia las canciones que salen en los anuncios de Navidad (creo que se lo he contagiado yo), cómo disfruta yendo a buscar acebo para la casa, cómo va recorriendo las calles adornadas bailando de la emoción al encontrar tantos colores y luces que le encantan..., el rojo es su color favorito… ¿cómo no va a encontrar mágica la Navidad si en esas fechas todo se viste de su color favorito?

2 comentarios:

  1. Estoy de acuerdo contigo, Silvia, aunque mis recuerdos de Navidad son diferentes. Nosotros cuando adivinamos con mi hermano que los regalos vienen de nuestros padres, no les dijimos nada, mantuvimos "la ilusión" por un tiempo más, porque nos daba ilusión. Y empezamos a regalarles algo hecho por nosotros, de esta manera nosotros también les hicimos una sorpresa y nos gustó participar en la magia. No lo tomamos como mentira, para nada.
    Creo que los niños se sienten mal solo si les dices "la verdad". Con ello rompes la magia. Pero si no les dices de forma directa, mantienes el cuento de una manera que saben que es un cuento, pero que es algo que es importante para mamá y papá porque están jugando contigo, que es un juego de rol... no sé explicarme bien. nosotros lo hicimos así y a nuestros hijos les encanta. Ahora que Oli está con nosotros me dijeron que no se me ocurra decirle la verdad, quieren que él también crezca con el cuento - en nuestro caso es que los angelitos nos traen regalos debajo del árbol en Nochebuena.

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    1. Gracias por opinar aquí para que más personas puedan leerlo. Entiendo tu experiencia y opinión, Eva. Pero lo que suele ocurrir es que nadie le dice a los niños "la verdad", sino que la descubren ellos mismos porque, como cuentas que os pasó a vosotros, los niños la adivinan en cuanto adquieren madurez suficiente como para dar respuesta a las muchas incoherencias que veían durante años. Coincido contigo en que es un juego, pero en él no todos los participantes juegan en igualdad de condiciones. Los adultos se lo pasan muy bien viendo sus caritas inocentes asombradas ante un mundo imaginario. A algunas personas eso no nos parece justo. Y ocurre en otras bromas adultas hacia los niños. Veo normalmente cómo un adulto pretendidamente le hace una gracia a un niño y sonríe con complacencia mientras el niño cree en el bulo que le ha contado. El único que se lo pasa bien ahí es el adulto. Que además mira a otros adultos con una sonrisa cómplice magnificando la inocencia infantil.

      Será cuestión de puntos de vista, pero a mí esa forma de plantearle a los pequeños la relación adulto-niño no me parece justa, creo que retrasa su conocimiento de la realidad y es como un "reírse de" en vez de un "reírse con". He visto la mirada de los niños cuando descubren que les están tomando el pelo con esas bromas. No es una cara de agrado. Los hay que disimulan con una sonrisita, pero no les suele gustar.

      Antes de ser madre podía teorizar sobre que los niños podían vivir intensamente la magia de la Navidad aunque les digas que papá o el abuelo le trajeron ese paquete por Reyes o por Navidad, pero ahora es una realidad constatable, y extensible a todos los niños que voy conociendo a los que los padres les cuentan todas las reglas del juego. Mi hija esta noche ha dormido inquietísima, se ha despertado varias veces y hemos estado una hora y pico insomnes, cuando siempre duerme del tirón. Todo porque hoy era el día de Reyes y al levantarse iba a ver qué le habían traído papá y mamá para Reyes. Y eso aunque anoche cayó uno de los regalos porque ya le resultaba insoportable esperar hasta hoy. Es como con los seres fantásticos o mitológicos, le digo a mi hija que existen en la imaginación de un escritor, o que son una leyenda y existen en la imaginación de las personas, pero que no son reales en nuestro planeta. Eso no le quita ni un ápice de ilusión para jugar con el Grifo mitológico, con Ícaro o Pegasus. Por lo que vi cuando de más pequeña necesitaba saber si los dibujos de los vídeos infantiles eran reales, creo que no le ayudaría en su tarea de armarse una composición del mundo si le dijera que esos seres habitan en un lugar escondido de la Tierra o que habitan en los bosques más densos, por ejemplo, pues ella tendría que aprender dos realidades: ésa que le cuento y la realidad auténtica con el tiempo.

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